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El retraso en el crecimiento en la infancia, artículo conjunto de UNICEF, PMA, OMS y FAO

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EL RETRASO en el crecimiento en la infancia es la manifestación física de un profundo atraso mental y en el desarrollo. Desde el punto de vista técnico, se define como una estatura para la edad que se ubica por debajo del percentil 5 en una curva de crecimiento de referencia. Sin embargo, puede arruinar el futuro de un niño, ya que repercute en el rendimiento escolar y en los ingresos laborales. El retraso en el crecimiento afecta a un alto porcentaje de jóvenes del mundo: casi la mitad de los niños paquistaníes sufren retraso en el crecimiento. Aparte de afectar especialmente el desarrollo cognitivo, el retraso en el crecimiento acarrea consecuencias impactantes en otros ámbitos, por ejemplo, en el PIB del país, que es notablemente más bajo.

El retraso en el crecimiento refleja los efectos de la desnutrición durante la etapa más importante de crecimiento y desarrollo en los primeros años de vida. Empieza desde la preconcepción cuando una niña adolescente, quien luego se convierte en madre, presenta desnutrición y anemia, y empeora cuando la dieta del lactante es inadecuada o deficiente. Recién en la década pasada se demostró en investigaciones que el conocido vínculo que existe entre un indicador físico, como la estatura, y una vida de desnutrición crónica también se relaciona con el sistema inmunológico débil, el desarrollo deficiente del cerebro y los atrasos en el desarrollo. En la adultez, esto conduce a un mayor riesgo de padecer obesidad y enfermedades no trasmisibles, como diabetes y cardiopatías.

A largo plazo, el retraso en el crecimiento ha demostrado ser el mejor indicador del capital humano, lo que afecta la productividad económica y el potencial de desarrollo de un país. El costo económico de la desnutrición es significativo tanto por la pérdida de productividad nacional como por su incidencia sobre el crecimiento económico. En los estudios se demuestra que los adultos que en la niñez sufrieron retraso en el crecimiento ganan un 20 % menos que aquellos que no lo sufrieron, tienen un 30 % más de probabilidades de vivir en la pobreza y menos posibilidades de conseguir un trabajo calificado. Si bien los costos humanos y sociales del retraso en el crecimiento son elevados, los costos que conlleva el abordaje proactivo del problema son bajos, y los beneficios que se obtienen son impresionantes.


Casi 10 millones de niños en Pakistán sufren retraso en el crecimiento.”


En las investigaciones, se demuestra que el retraso en el crecimiento no solo se produce por una falta de calorías, vitaminas o minerales. En realidad, las causas del retraso en el crecimiento se pueden atribuir a los reiterados episodios de diarrea, el consumo de agua no potable, la falta de estimulación temprana adecuada, la imposibilidad de comprar alimentos nutritivos, la anemia en las madres, el matrimonio a una temprana edad que lleva a embarazos precoces, la disminución del valor nutritivo de los cultivos y una variedad de factores ajenos a la nutrición. En lo que respecta a la magnitud, Pakistán atraviesa un problema grave de retraso en el crecimiento, puesto que ocupa el tercer lugar en la lista de países con los índices más altos del mundo. Representa el 6 % de los casos mundiales con casi 10 millones de niños afectados. Una gran proporción de estos niños constituyen casos graves de retraso en el crecimiento. En cierta medida, esta situación empeoró porque Pakistán ha estado luchando contra otro problema crítico de nutrición: la hambruna, que técnicamente se denomina inanición. Desde luego que los escasos fondos para la nutrición se destinan a salvar la vida de los niños que corren mayor riesgo de muerte. Sin embargo, una década de esfuerzos no ha impedido que el problema prevalezca, y ha conllevado a una malnutrición crónica que genera retrasos en el crecimiento.

El hecho de saber que el retraso en el crecimiento no se puede revertir hace que la prevención a través de intervenciones oportunas sea esencial. Debemos empezar por enfocarnos en lo que se denomina los “primeros mil días”, que comprende el momento desde la concepción de un niño hasta los dos años de edad. En esta etapa, el retraso en el crecimiento es evitable y reversible. Si se pretende lograr una disminución rápida del retraso en el crecimiento, además de enfocarse en el tiempo y el presupuesto, se debe impulsar, sobre todo, una serie de actividades que tengan un efecto inmediato en las mujeres embarazadas y sus bebés durante esta etapa. Desde el punto de vista nutricional, es importante que las mujeres embarazadas consuman hierro, ácido fólico y multivitamínicos. Al asegurar que las mujeres ingieran sal yodada, amamanten al bebé antes de que transcurra una hora de su nacimiento y luego solo le den leche materna durante los primeros seis meses, sin incorporar agua ni ningún otro alimento, como leche de fórmula o cabra, podremos ayudar a que los niños comiencen la vida de una mejor manera.

Otro factor crítico que contribuye a la magnitud del retraso en el crecimiento es la higiene y el saneamiento, que afecta en gran medida al ambiente del hogar. Puede tratarse de una medida tan simple con lavarse las manos con jabón antes de preparar los alimentos, después de cambiar los pañales de un niño e ir al baño. Más allá de esas medidas, la planificación a largo plazo puede mitigar los problemas que conducen al retraso en el crecimiento desde el principio. Algunos ejemplos de dicha planificación podrían ser aumentar el rendimiento de los cultivos y los cultivos con mayor contenido de nutrientes, crear programas de apoyo económico a las familias necesitadas y programas para la educación en la primera infancia, aplicar todas las vacunas, tratar la diarrea de manera generalizada, abastecer de agua potable y construir letrinas.

Pakistán enfrenta un gran desafío debido a la gran cantidad de niños que padecen retraso en el crecimiento. Pero puede reparar esta situación a fin de que para 2030, el retraso en el crecimiento sea un recuerdo del pasado que ya no atormente a nuestras generaciones. Por lo tanto, mejorar la nutrición infantil es una de las mejores y más importantes inversiones que Pakistán puede hacer.

Angela Kearney y Michel Thieren son representes nacionales del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).Patrick Evans representa a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Stephen Gluning es director nacional interino del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

El presente artículo se publicó originalmenteen Dawn, el 5 de enero de 2017. Lea el artículo original.

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