Home / Actualizaciones / Es necesario romper el círculo vicioso, por Neil Buhne

Es necesario romper el círculo vicioso, por Neil Buhne

  |   Blogs, Red de países SUN, Sin categorizar

EL RETRASO en el crecimiento en Pakistán es una tragedia de proporciones fenomenales; una tragedia que podemos y debemos superar. Casi la mitad de los niños paquistaníes (el 44 %) presenta un retraso en el crecimiento (Encuesta Nacional de Nutrición de 2011). Este porcentaje representa el tercer lugar en la lista de países con mayor cantidad de niños con retraso en el crecimiento del mundo.

Esto significa que 9,6 millones de niños paquistaníes han sufrido desnutrición crónica en el útero o en la primera infancia. Su potencial se ha “retrasado” para siempre debido al aporte insuficiente de nutrientes, la atención médica inadecuada y, en definitiva, el descuido por parte de la sociedad. Es hora de romper este círculo vicioso de pérdida de oportunidades, desnutrición y pobreza. El futuro de Pakistán es incierto.

El retraso en el crecimiento no solo significa que el niño no alcance su estatura normal. También afecta de manera irreversible el desarrollo físico y neurológico, así como disminuye las capacidades mentales y de aprendizaje. Genera mayores tasas de abandono escolar, un rendimiento académico deficiente y una menor productividad laboral. El retraso en el crecimiento y la desnutrición son responsables de la mitad de las muertes infantiles en el mundo. La presencia de un gran número de niños con retraso en el crecimiento no solo limita el potencial individual, sino también limita el potencial de toda la sociedad.

Cuando pienso en las cifras conmovedoras que el retraso en el crecimiento ha alcanzado en Pakistán, me acuerdo de las palabras que Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, pronunció en las reuniones de primavera del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en abril de 2016: “Ha llegado el momento de que tratemos al retraso en el crecimiento como una emergencia económica y de desarrollo”.

El desafío está en romper el círculo vicioso del retraso en el crecimiento. Las mujeres que ya sufren de malnutrición suelen dar a luz niños con retraso en el crecimiento, con lo que se perpetúa un círculo intergeneracional de exclusión y deterioro de la salud. Es fundamental que el niño reciba la nutrición adecuada durante los primeros 1000 días de vida, desde la concepción hasta los dos años, puesto que en esa etapa se desarrolla el 80 % de la capacidad cerebral. La malnutrición crónica daña de manera irreparable el desarrollo del cerebro. La buena nutrición se traduce en niños saludables, un futuro mejor y la prosperidad duradera.


El retraso en el crecimiento limita el potencial de toda la sociedad.


Mejorar la nutrición infantil es una de las mejores inversiones que Pakistán puede hacer. El costo económico de la desnutrición es significativo tanto por la pérdida de productividad nacional como por su incidencia sobre el crecimiento económico. En los estudios, se demuestra que los adultos que en la niñez sufrieron retraso en el crecimiento ganan un 20 % menos que aquellos que no lo sufrieron, tienen un 30 % más de probabilidades de vivir en la pobreza y menos posibilidades de conseguir un trabajo calificado.

En un informe de la Fundación Bill y Melinda Gates se halló que por “cada dólar invertido en la reducción del retraso en el crecimiento, se obtienen beneficios económicos por un valor de 18 dólares”.

Los países que han reducido el retraso en el crecimiento constituyen un testimonio del valor de un enfoque integral. Son fundamentales las estrategias de comunicación para lograr cambios en el comportamiento, la movilización social y comunitaria, y una mejor salud y nutrición materna. Es imprescindible la lactancia materna temprana y exclusiva durante los primeros seis meses de vida del niño, puesto que asegura una mejor alimentación infantil al aportar los nutrientes esenciales.

El Perú es un ejemplo de ello. En 2005, el 28 % de los niños peruanos presentaban retraso en el crecimiento. Ocho años más tarde, el Perú redujo este porcentaje a la mitad gracias a la implementación de programas y políticas integrales, la asignación de presupuestos adecuados y una firme participación comunitaria en el control del crecimiento de cada niño.

En Pakistán, en los casos donde se aplicó un enfoque similar, su impacto ha sido impresionante. Hace poco estuve en Sujawal, Sindh, donde la prevalencia del retraso en el crecimiento supera el 55 %. Me reuní con un grupo de 40 mujeres en un pueblo de pescadores, quienes me contaron cómo cambiaron la forma de cuidar a sus hijos, en especial, en esos primeros días tan decisivos. Hablaron de sus experiencias con la lactancia materna temprana y exclusiva, de lo que habían aprendido con la trabajadora de salud sobre el cuidado personal y de sus hijos y cómo la mejora en la higiene contribuyó a la salud de sus familias. Me contaron que la ayuda internacional les había permitido obtener alimentos enriquecidos complementarios y micronutrientes que carecían en su dieta.

Me sentí reconfortado y desalentado por sus palabras. Reconfortado porque me demostraron claramente que la mejora en la nutrición transforma de manera positiva la vida de las personas. Desalentado porque, hasta el momento, estos programas solo llegan a un pequeño porcentaje de quienes los necesitan en Pakistán.

En una investigación preliminar a cargo de la Universidad Aga Khan, se constató que el índice de retraso en el crecimiento es 10 % más bajo en estas zonas que en las regiones donde aún no se han implementado las intervenciones.

Pakistán enfrenta un gran desafío debido a la gran cantidad de niños que padecen retrasos en el crecimiento. Sin embargo, si se supera este desafío, los beneficios económicos y sociales del pueblo paquistaní serían infinitos.

El éxito de Pakistán en la reducción de los casos de poliomielitis a casi cero nos demuestra los resultados que se pueden lograr a través de la aplicación de medidas y el liderazgo sólido de los principales actores: el gobierno, los socios internacionales, las comunidades y los propios padres. No existen razones para creer que no se podría alcanzar un progreso similar en la reducción del retraso del crecimiento. A través de la priorización adecuada, los programas correctos y el apoyo justo, Pakistán puede asegurarse de que ningún niño sufra retrasos en el crecimiento.

Pakistán necesita invertir ahora para alimentar a las generaciones futuras y avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Si el país toma estas medidas, para 2030, el retraso en el crecimiento será un recuerdo del pasado, que ya no arruinará la vida de los niños paquistaníes.

El escritor, Neil Buhne, es el coordinador residente de las Naciones Unidas en Pakistán. El presente artículo se publicó originalmente en Dawn, el 17 de agosto de 2016. Lea el artículo original.

Post A Comment

No Comments