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La nutrición es una cuestión política, y la sociedad civil, la responsable de orientar la adopción de políticas

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Blog escrito por Danny Sriskandarajah, Secretario general de la alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil CIVICUS y miembro del grupo líder del Movimiento SUN. El artículo original fue publicado en el Huffington Post, en inglés: www.huffingtonpost.com/entry/nutrition-is-political-and-civil-society-needs-to-shape_us_5a0d5f9ae4b006a16baf1f5d 

Las dos reuniones más importantes sobre nutrición —la Cumbre Mundial de la Nutrición de Milán y la Reunión Global del Movimiento SUN en Abiyán— celebradas este mes iban destinadas a conmemorar los avances alcanzados en este ámbito en los últimos años, pero también sirvieron para destacar los retos que quedan por emprender, en particular, por parte de la sociedad civil. De hecho, lo que sucede en la actualidad en el sector de la nutrición es casi un microcosmos del programa general de desarrollo sostenible.

Nunca se habían producido a escala mundial tantos alimentos como en la actualidad y, sin embargo, una de cada nueve personas en el mundo —más de 800 millones— padecen desnutrición crónica, y una de cada tres presenta una o varias formas de malnutrición.

En las últimas décadas, hemos sido testigos de notables avances: podemos cultivar más alimentos que nunca, enriquecidos con nutrientes, y seguir las subidas repentinas de los precios del mercado en nuestros teléfonos móviles. Aun así, pese a todos estos progresos, el número de personas que padecen hambre sigue aumentando desde 2014.

En realidad, la malnutrición no es sólo cuestión de comida. La malnutrición es una cuestión política. En Siria, en Sudán del Sur, y ahora en Yemen, se impide la llegada de alimentos a ciudades e incluso a países enteros, como táctica de guerra. Estos bloqueos nos recuerdan una dura realidad: el hambre no tiene nada de natural, sino que es causada en toda circunstancia por el hombre.

La agudización del hambre en el mundo desde 2014 también es el reflejo de las alteraciones que está produciendo el cambio climático en los cultivos, el ganado y los recursos pesqueros. El intenso fenómeno de El Niño ocurrido entre 2015 y 2016 ha remitido, pero los agricultores aún siguen sufriendo sus persistentes consecuencias mientras se preparan para afrontar nuevos episodios climáticos extremos.

La malnutrición es también más compleja ahora, en 2017, que en siglos pasados. La malnutrición convive con enfermedades no transmisibles, como son la obesidad y la diabetes. En efecto, muchas de las personas que padecen hambre y retraso en el crecimiento a una edad temprana tienen más riesgo de tener sobrepeso en el futuro. Puede que tengan alimentos para comer, pero estos carecen de valor nutricional y de beneficios para la salud, lo que redunda en una forma de hambre oculta. Esto no sólo afecta al crecimiento del cuerpo, sino también al del cerebro.

No resolveremos estos problemas con aumentar simplemente los cultivos de maíz, de trigo o de arroz. Si bien es cierto que el enriquecimiento de alimentos puede contribuir en gran medida a subsanar algunas carencias de alimentación, hacen falta más medidas para resolver cada una de las dimensiones del problema de la malnutrición.

Para ello es necesario cooperar a escala mundial. Por suerte, es precisamente lo que vienen haciendo los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y los empresarios que están comprometidos en la lucha contra la malnutrición. En este sentido, resultó alentador ver a representantes de gobiernos, organizaciones internacionales, donantes, empresas y la sociedad civil reunirse, de manera constructiva y creativa, en la reunión del Movimiento SUN celebrada la semana pasada.

Sin embargo, pese a los progresos realizados en términos de metas y de proceso participativo, y a la naturaleza relativamente poco controvertida de la nutrición, vemos que sigue cuestionándose el papel de la sociedad civil, motivo por el que debe afianzarse.

Esto es así porque, para algunos, la sociedad civil no es más que un medio para realizar proyectos relacionados con la nutrición, y no un actor independiente capaz de dar mayor voz a las personas afectadas y exigir responsabilidades a los representantes públicos y privados. Lo cierto es que la sociedad civil debe desempeñar ambas funciones. Esto no es ni más ni menos cierto de la nutrición que de cualquier otro ámbito del desarrollo sostenible.

Aunque las alianzas y las redes entre gobiernos, empresas y miembros de la sociedad civil son fundamentales para reunir a todos los actores necesarios para hacer frente a retos complejos como la malnutrición, también tienen sus inconvenientes. Dichas alianzas pueden oponerse a la innovación o rechazar nuevas y novedosas formas de ejecutar programas de nutrición a medida que solicitan permiso al gobierno para probar nuevos enfoques o nuevos modelos de prestación de servicios, que tal vez no cuenten con su aprobación.

Como señala una publicación de The Lancet sobre la nutrición: “Definir la reducción de la desnutrición en términos apolíticos denota estrechez de miras y resulta contraproducente. Las estrategias políticas son la base que permiten coordinar efectivamente los sectores, las esferas nacional y subnacional, la participación del sector privado, la movilización de recursos y la rendición de cuentas del Estado respecto de sus ciudadanos.”

La naturaleza política, social y cultural del hambre se manifiesta en muchas formas, incluidas las desigualdades de género, raciales y ambientales.

En el Índice Global del Hambre de 2017, Naomi Hossain recuerda que “las personas o grupos con menor poder social, económico o político —es decir, personas discriminadas o desfavorecidas, por ejemplo, las mujeres, las minorías étnicas, los pueblos indígenas, las poblaciones rurales y las personas pobres —son a menudo las que padecen hambre y malnutrición.”

También explica que quienes tienen menos poder tienden a ser los más afectados por las políticas alimentarias y agrícolas, “pero tienen poca presencia en los debates políticos dominados por los gobiernos, las corporaciones y las organizaciones internacionales”. Recae en la sociedad civil garantizar que no se deje al margen de estas deliberaciones las opiniones más relevantes.

En este contexto es cuando urge contar con la sociedad civil como actor independiente, capaz de exigir responsabilidades a los gobiernos, las corporaciones y las organizaciones internacionales por su papel en la creación y la erradicación de las condiciones de desigualdad. Debemos defender la función que desempeña la sociedad civil en el ámbito de la nutrición, al igual que en cualquier otro ámbito del desarrollo sostenible.

 


Dhananjayan Sriskandarajah es Secretario General de CIVICUS, una alianza mundial de la sociedad civil, y es también miembro del Grupo líder del Movimiento SUN.
Su contacto en las redes sociales es @civicussg

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