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Nutrición y Educación: algo más que temas para reflexión

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Artículo de @GerdaVerburg, coordinadora del Movimiento SUN, originalmente publicado
en inglés en el sitio web de Women Deliver 

http://womendeliver.org/2018/nutrition-education-food-thought

En febrero, el mundo se dará cita en Dakar, Senegal, en ocasión de la Conferencia de financiamiento de la Alianza Mundial para la Educación —socio clave del Movimiento SUN para el fomento de la nutrición—, con el fin de trabajar para garantizar que 870 millones de niñas y niños accedan a la escolarización que necesitan para poder alcanzar el futuro que deseamos. En la actualidad, esta inversión constituye una de las más provechosas para todos los países.

Se ha avanzado mucho en la reducción de la brecha de género presente en la educación primaria. Sin embargo, todavía en 2015, 31 millones de niñas faltaban en la escuela; es decir, pueden lograrse muy pocos avances para hacer realidad cualquiera de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Nos queda mucho trabajo por hacer para cumplir nuestra promesa de no dejar a nadie atrás.

Si bien la educación es una de las áreas de inversión más importantes, sería irresponsable pensar que las otras se sucederán por sí solas sin implementar desde el inicio una buena política en materia de nutrición que ponga el foco en las mujeres y las niñas. La educación constituye un elemento fundamental para reducir la malnutrición en todas sus formas. Cada político y tomador de decisiones debería tener presente el siguiente mensaje fundamental: En los países de ingresos medianos bajos y bajos, el porcentaje de niños con una estatura demasiado baja para su edad —o con retraso en el crecimiento— cuyas madres completaron la escuela secundaria se reduce en un 26 %. En otras palabras, constituye un gran paso en la tarea de asegurar las posibilidades de un país y de su pueblo. Otro de los mensajes fundamentales es que los 155 millones de niños con retraso en el crecimiento en la actualidad probablemente no estén preparados para aprender en el futuro —si es que llegan a asistir a la escuela— debido a mayor ausentismo, períodos de atención reducidos, desempeños deficientes y problemas de salud, en comparación con los niños con una buena nutrición.

La revista médica The Lancet sostiene que las niñas y los niños malnutridos que no hayan recibido la estimulación y los cuidados necesarios ganarán un 25 % menos que aquellos niños que sí hayan recibido el mejor comienzo —especialmente, durante los primeros 1000 días de vida— con nutrientes adecuados. Haciendo hincapié en ello, las niñas y mujeres instruidas son más saludables, felices, ganan más dinero y tienen menos hijos; por lo tanto, pueden cuidar mejor de ellas mismas y de otras personas. Además, los beneficios de educar a las niñas se transfieren de generación en generación, pasando por las familias y las comunidades.

Antes de asumir como coordinadora del Movimiento SUN, desconocía que el retraso en el crecimiento afectaba también el desarrollo neurológico, no solo el físico. Y que además presupone resultados cognitivos y educacionales deficientes durante la infancia tardía y la adolescencia. El Informe de la nutrición mundial 2016 y el Informe Anual de Progresos del Movimiento SUN, presentado en noviembre de 2017, lo ratifican. Ambas realidades muestran la relación informal entre la matrícula de mujeres en la escuela secundaria y la reducción de la tasa del retraso en el crecimiento. Me apena decir que en la actualidad, solo 9 (de 60) países SUN se ubican por encima de dicho umbral, es decir, solo 9 garantizan la matrícula de las mujeres y las niñas en la escuela secundaria. Por eso, es hora de arremangarse y de revertir esta tendencia.

Esta iniciativa debe comenzar alentando a los padres y a las comunidades a enviar a sus hijas (e hijos) a la escuela y a asegurarse de que permanezcan allí, en la escuela secundaria y en otras instancias educativas. Los encargados de la toma de decisiones deben garantizar espacios seguros, equitativos e inclusivos en las escuelas con el fin de obtener los mayores beneficios para las personas, las familias y las economías. Además, las escuelas tienen la capacidad de llegar a los niños con mayores necesidades con el fin de brindarles educación nutricional y comidas nutritivas en los almuerzos. Por otra parte, muchos países han incorporado a sus planes de estudio buenas prácticas de saneamiento, salud e higiene, lo que contribuye enormemente. Es decir, el mayor reto que enfrentan las escuelas consiste en dar respuesta a la necesidad de contar con enfoques rentables que financien la relación fundamental entre nutrición y aprendizaje.

Si creemos que este es un problema solo de países de ingresos bajos, déjenme asegurarles que tanto las escuelas como otras instituciones educativas pueden desempeñar un papel fundamental en abordar la “bomba de tiempo” del sobrepeso y la obesidad presentes, que afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas. En la mayoría de los países, el sobrepeso y la obesidad amenazan con impedir el progreso. La educación en materia de nutrición no se trata solo de enseñar sobre alimentos y nutrientes, sino de transmitir las prácticas y la manera de mejorar los hábitos alimenticios. Por ejemplo, si los profesionales de la salud no transmiten que la lactancia materna forma niños más inteligentes, ¿cómo podremos esperar que los padres lo sepan?

Aunque no haya nada “nuevo” sobre la importancia de unir la malnutrición con la educación, y viceversa, nos proporciona una nueva manera de pensar (y de trabajar) —hacia la concreción de los ODS—, ya que no puede cumplirse un objetivo sin el otro. Así es como concebimos nuestro trabajo en el Movimiento SUN: una mejor nutrición posibilita una mejor educación y un mejor desarrollo y, por lo tanto, un mejor futuro para su país y su pueblo, asegurándonos de no dejar a nadie atrás.

Tal como calcula el Foro Económico Mundial, la la igualdad entre trabajadoras y trabajadores no llegará hasta dentro de 217 años. Sin embargo, hay mejoras respecto a la brecha de género en materia de educación; una perspectiva que puede causar inspiración en 2018 y en el futuro. Si logramos la paridad de género en el derecho a la educación en los próximos trece años (que a su vez coincide con el plazo establecido para los ODS), nos acercaremos aún más.

Financiemos la educación (#FinanciarEducación) e invirtamos en la nutrición (#InvertirEnNutrición)!

Es hora de alzar la voz y de pronunciarse sobre por qué invertir en educación —y, más precisamente, en la educación de las niñas— es fundamental para erradicar la malnutrición para siempre. Y por otra parte, por qué invertir en la nutrición de las niñas terminará con la deficiencia en la educación. Por eso decimos que la educación y la nutrición son más que solo temas de reflexión: con ambos todos salimos ganando.

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