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COVID-19: impacto evolutivo en la forma en que las personas se relacionan con el sistema alimentario

  |   Red de las Naciones Unidas para el SUN

* Artículo originalmente publicado por el Comité Permanente de Nutrición de las Naciones Unidas (UNSCN)


Desde hace más de dos meses, el mundo vive en semiconfinamiento, y la economía mundial se mueve en cámara lenta debido a la pandemia por coronavirus. Tanto la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus (COVID-19) como las medidas que se adoptan para reducir su propagación han causado perturbaciones y trastornos en los mecanismos cotidianos de suministro de alimentos, que se sienten cada vez más en todos los niveles. Las consecuencias de esta situación pueden ser graves. Según los primeros cálculos, se prevé que se producirán al menos 150 000 muertes infantiles más debido a los impactos indirectos de la pandemia en la prestación de los servicios de salud y al aumento de la desnutrición infantil.[1] Antes de la pandemia de COVID-19, 135 millones de personas registraban una crisis aguda de alimentos. Estas personas son quienes más riesgo corren de sufrir las consecuencias negativas que el COVID-19 genera en los sistemas alimentarios. Por otro lado, es posible que las restricciones impuestas en el contexto de la pandemia empujen a muchas más personas al hambre aguda (FSIN 2020).[2]

Figura 1: Posibles consecuencias de la pandemia de COVID-19 en los entornos alimentarios.

Conforme crecen las repercusiones de la pandemia, los puntos de interacción entre las personas y el sistema alimentario, es decir, su entorno alimentario, van cambiando y adquieren mayor importancia en la vida cotidiana. Los confinamientos, las respuestas políticas y la pandemia en sí muestran un impacto evolutivo en los entornos alimentarios, que repercuten en el ámbito personal y externo, como se detalla en la figura 1.

Si no se intentan detener los efectos del COVID-19 en los sistemas alimentarios, podría haber consecuencias, como desnutrición, sobrepeso, obesidad, enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación, entre otras. El papel de las dietas poco saludables ha recibido una mayor atención durante la pandemia, ya que las personas con obesidad y enfermedades no transmisibles son más vulnerables a enfermarse gravemente y a morir a causa del COVID-19.[3]

Sin embargo, a juzgar por la evidencia, ¿qué sucede en la práctica? Gran parte de la información y las medidas relacionadas con el impacto del COVID-19 en los entornos alimentarios se han centrado hasta ahora en los ámbitos externos que se encuentran fuera de la esfera de influencia de las personas. En aras de comprender mejor la forma en que las personas experimentan y se adaptan a estos cambios en el ámbito personal de su entorno alimentario, el Comité Permanente de Nutrición de las Naciones Unidas llevó a cabo una encuesta en línea para captar las experiencias, del 15 al 30 de abril de 2020.[4] Esto fue aproximadamente un mes después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara al COVID-19 una pandemia mundial el 11 de marzo. Hasta ese momento, se habían registrado más de 1,9 millones de casos y 123 000 muertes. Europa era el epicentro del brote mundial, pero ninguna región estaba inmune, y miles de millones de personas se vieron afectadas por las medidas de confinamiento recomendadas.[5]

¿Cómo están cambiando los entornos alimentarios de las personas durante la pandemia? Se empleó un muestreo de conveniencia, en el que se utilizaron las redes de comunicación existentes del Comité Permanente. En total, participaron 2015 personas de 118 países, que residían en zonas principalmente urbanas. La mayoría de ellas eran mujeres (70 %) y alrededor de la mitad tenían entre 25 y 44 años de edad. La mitad de ellas trabajaban o estudiaban en el campo de la nutrición, la educación, el gobierno y los servicios de salud. La mayoría de los encuestados procedían de Europa Occidental y América del Norte (48 %), luego les seguían los del Grupo de los Estados de Asia y el Pacífico (26 %). Los encuestados de África (13 %), América Latina y el Caribe (12 %) y de Europa Oriental (1 %) fueron menos numerosos.

Los resultados preliminares muestran que, en el momento de la encuesta, la accesibilidad a los alimentos se había alterado notablemente, y las rutinas diarias relacionadas con la alimentación eran las más perturbadas, después del trabajo y las actividades sociales. Dadas las reglas estrictas impuestas al movimiento de las personas para limitar la propagación del virus, esto no es sorprendente.

Entre los cambios de comportamiento relacionados con el atractivo y la conveniencia de los alimentos, 2 de cada 3 encuestados indicaron que habían notado un aumento en la acumulación de alimentos, probablemente, esto guarde relación con el hecho de que casi la mitad de los encuestados afirmaron que compraban más alimentos por ansiedad. Además, en la gran mayoría de las respuestas se indicó que se enfrentaban importantes cambios de accesibilidad en el punto de venta. Entre estos cambios, se mencionaron el acceso restringido (81 %), las medidas de distanciamiento físico (91 %), la disponibilidad de información sobre medidas de protección (89 %) y la compra responsable (70 %).

La cocina casera resultó el aspecto más favorecido de la crisis, puesto que el 50 % de los encuestados indicó que había dedicado más tiempo a esta práctica. A su vez, debido a esta tendencia se registró una disminución en el hábito de comer afuera, ya sea en restaurantes, cafeterías, bares o en la casa de familiares y amigos. Según los encuestados, la cocina casera y la acumulación de alimentos parece ir acompañada de una mayor conciencia sobre el desperdicio de alimentos (66 %) y el indicio promisorio de que este aumento de conciencia implica que los alimentos no se desperdician más de lo normal (93 %). Si bien la encuesta no buscó directamente información sobre la asequibilidad de los alimentos, se trata de un tema importante y delicado. Muchas personas de todo el mundo se enfrentan a una mayor inseguridad alimentaria debido a la reducción de sus ingresos y su potencial de ingresos. Las repercusiones son más notorias en las zonas que ya se enfrentaban a la inseguridad alimentaria antes del brote de COVID-19. A pesar del sesgo de las encuestas, ya que hubo participantes de países de ingresos muy altos, el 8 % de los encuestados informó de que recurría a medidas de protección social, como los bancos de alimentos, mientras que el 17 % recurría a fuentes alternativas de alimentos, como la producción comunitaria o personal de alimentos.

¿Qué enseñanza nos deja la pandemia? Los cambios en los entornos alimentarios debido al COVID-19 han revelado las debilidades del sistema y la necesidad de generar mayor resiliencia y sostenibilidad. Aunque las dificultades actuales son enormes, también crean oportunidades. Ante la incertidumbre y la ansiedad, la gente busca orientación y tranquilidad en sus entornos alimentarios. El aumento de la conciencia sobre nuestros entornos alimentarios y los alimentos que consumimos crean un catalizador del cambio.

¿Qué podemos hacer? Ahora es el momento de apoyar y promulgar cambios en el entorno alimentario que guíen a las personas para que puedan tomar decisiones más sostenibles y saludables. Estamos frente a una coyuntura para fortalecer los sistemas alimentarios locales con cadenas de suministro más cortas, donde la nutrición sea el eje y haya una mayor diversidad de alimentos para mejorar la resiliencia y proporcionar alimentos saludables para todos, sin dejar a nadie atrás.

A nivel personal, hay muchas medidas que se pueden tomar para apoyar esta transformación:

  • Centrarse en los alimentos locales: comprar a proveedores y agricultores locales para apoyar a las empresas locales y acortar las cadenas de suministro y fortalecer nuestro sistema alimentario local.
  • Aventurarse en la cocina, conocer los alimentos que se producen en su zona y probar nuevos ingredientes en su cocina casera.
  • Centrarse en la nutrición: establecer objetivos saludables, como consumir cinco porciones de frutas y verduras al día o usar más frijoles y legumbres al cocinar.
  • Ser creativo con las sobras. Evitar el desperdicio de comida aprovechando al máximo lo que se tiene. Las sopas, los guisos y estofados son ideales para aprovechar las sobras.

A nivel mundial, observamos las recomendaciones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) que está desarrollando las Directrices voluntarias sobre los sistemas alimentarios y la nutrición.[6] Esto ofrece una oportunidad única para que los actores mundiales logren una transformación favorable de los sistemas alimentarios.


[1] www.thelancet.com/journals/langlo/article/PIIS2214-109X(20)30229-1/fulltext
[2] FSIN, 2020. Informe mundial sobre las crisis alimentarias 2020. Se puede consultar en el siguiente enlace (en inglés): https://docs.wfp.org/api/documents/WFP-0000114546/download/?_ga=2.126964110.221321867.1589466142-2144737428.1589466142
[3] OMS, 2020. Nota informativa sobre el COVID-19 y las enfermedades no transmisibles. Se puede consultar en el siguiente enlace: www.who.int/docs/default-source/inaugural-who-partners-forum/spanish-covid-19-and-ncds—published-(23-march-2020)-sp.pdf?sfvrsn=b67828b8_2
[4] Cuestionario del UNSCN
[5] OMS, 2020. Informe 86 sobre la situación de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) (en inglés).
[6] CSA, 2020. Sistemas alimentarios y nutrición

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