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COVID-19: una perspectiva mundial, informe 2020 de Goalkeepers

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En ediciones anteriores del informe de Goalkeepers —y, de hecho, prácticamente todas las veces que nos pronunciamos en forma oral o escrita— hemos celebrado décadas de progreso histórico en la lucha contra la pobreza y las enfermedades. Sin embargo, tenemos que afrontar la realidad actual con franqueza: este progreso ahora se ha detenido. En este informe, realizamos un seguimiento de 18 indicadores incluidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. En los últimos años, el mundo ha progresado en relación con cada uno de estos indicadores. Pero este año, en la gran mayoría, hemos retrocedido. Por lo que este ensayo tiene dos objetivos. En primer lugar, analizamos el daño que la pandemia ha causado y sigue causando —en la salud, las economías, y en casi todos los aspectos de la sociedad. En segundo lugar, abogamos por una respuesta colaborativa.

No existe una solución nacional a una crisis mundial. Todos los países deben trabajar juntos para poner fin a la pandemia y empezar a reconstruir las economías. Si demoramos más tiempo en darnos cuenta de eso, más tiempo tardaremos en (y más nos costará) volver a ponernos de pie.

Los datos mundiales sobre la salud y el desarrollo suelen llegar con retraso. Se necesita tiempo (y mucho trabajo) para recopilar datos sobre la cantidad de personas que han sido vacunadas, sobre quién ha sido diagnosticado con determinada enfermedad, o sobre cómo ha cambiado la situación económica de las personas. Se necesita aún más tiempo para unificar los datos, corregir errores, conseguir la información faltante, validar, analizar y distribuir los datos.

Esto significa que, con los métodos tradicionales, los efectos del COVID-19 no aparecerán reflejados en los datos del informe de Goalkeepers hasta 2021. El objetivo del informe es hacer un seguimiento de (y promover) los avances realizados para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo progreso, en este momento, se ve obstaculizado en gran medida por la pandemia. Por consiguiente, decidimos no esperar un año para tratar de cuantificar las consecuencias de esta catástrofe.

El informe de Goalkeepers mide el progreso realizado en la nutrición mediante el seguimiento del retraso en el crecimiento (baja estatura para la edad), una manifestación de la desnutrición crónica. Como la palabra “crónica” lo indica claramente, el retraso en el crecimiento no ocurre de la noche a la mañana, sino que demora semanas y meses en manifestarse. En el contexto de la pandemia, por lo tanto, el retraso en el crecimiento es un indicador retrospectivo cuyo impacto puede que no veamos en un año o más. Cuanto más tiempo pasen las familias sufriendo de inseguridad alimentaria y de acceso irregular a los servicios básicos de salud, peor podría ser al final el impacto del COVID-19 en el retraso en el crecimiento.

Si tuviéramos que analizar otros indicadores de nutrición, veríamos que la pandemia ya está causando grandes daños. La emaciación (peso demasiado bajo para la estatura) es una manifestación de desnutrición aguda —y
su prevalencia actualmente está subiendo a gran velocidad. Según un reciente estudio de la revista The Lancet, la emaciación podría ser la responsable de hasta una cuarta parte de todas las muertes infantiles relacionadas con el COVID-19.

Debemos abordar la emaciación ahora sin dilatar la asistencia a los niños vulnerables al retraso en el crecimiento, para lo cual se tienen que fortalecer los sistemas de salud, alimentación y protección social para proporcionar la atención y los alimentos que los niños necesitan para evitar, ante todo, la desnutrición.

• COVID-19: una perspectiva mundial Fundación Bill y Melinda Gates

 

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