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Defender la igualdad de género en la nutrición cuando se responde al COVID-19

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* Artículo escrito por Emmanuel Trépanier, asesor en igualdad de género, programa Asistencia Técnica para la Nutrición (TAN), y originalmente publicado por Nutrition International


La pandemia de la enfermedad provocada por el coronavirus (COVID-19) está generando repercusiones de proporciones épicas. El confinamiento ─sumado al número elevado de muertes y casos de COVID-19 en todo el mundo que ponen al límite la capacidad de los sistemas sanitarios nacionales─ está generando una crisis económica mundial y agravando las desigualdades existentes (falta de acceso al agua y al saneamiento, inseguridad alimentaria, crisis de refugiados, etc.) y las distintas formas de violencia (como la violencia de género e intrafamiliar). Los efectos de estos flagelos se recrudecerán en los hogares más vulnerables y marginados de los países de los ingresos más bajos.

En medio de esta crisis, se hizo visible un fenómeno, incluso ante los ojos de quienes lo ignoraban: la economía del cuidado (ya sean actividades mal pagadas o no remuneradas) está protagonizada sobre todo por las mujeres y es la principal red de protección social en un mundo donde impera lo privatizado. Los puestos de trabajos esenciales y de primera línea (enfermeras, cuidadoras de hogares de ancianos, niñeras, empleadas de tiendas y farmacias, etc.) están ocupados, en gran medida, por las mujeres. En términos sencillos, el COVID-19 es una crisis sexista.

No obstante, las políticas de salud pública carecen de perspectiva de género. Las diferencias entre los sexos en cuando a la mortalidad y vulnerabilidad al COVID-19, en especial, las que se acentúan con las desigualdades nutricionales, no se analizan lo suficiente, ni se realiza la planificación correspondiente. En los países en desarrollo y en escenarios humanitarios, las consecuencias en materia de género son aún más marcadas, dado que los escasos recursos que tradicionalmente se destinaban a las mujeres (como los servicios de salud reproductiva y sexual, sobre todo, el papel de las parteras que se ocupan de brindar información de nutrición y los recursos para las mujeres embarazadas) se están empleando para hacer frente a la pandemia.

Más allá de la planificación sanitaria, la programación y las medidas de respuesta a la pandemia, la dimensión de género de la nutrición es un aspecto que atañe a las investigaciones sanitarias actuales. Por ejemplo, cuando se considera la transmisión maternoinfantil del COVID-19, es preciso analizar detenidamente los factores que guardan una relación directa con las prácticas nutricionales, como la lactancia y el contacto piel con piel.

En tiempos normales, las mujeres ya deben soportar la mayor parte de la carga que conlleva la adopción de la agenda global de nutrición, sobre todo, en los ámbitos de la comunidad y el hogar, en gran medida, debido a los papeles tradicionales asignados al género. Su participación en la agricultura, la elaboración, compra y preparación de alimentos, y la nutrición, además de otras tareas de cuidado (educación, salud, etc.) está bien documentada. No obstante, las mujeres también corren con una desventaja sistemática en la esfera de la nutrición. Las mujeres (sobre todo, durante el embarazo o la lactancia), las adolescentes y las niñas tienen vulnerabilidades nutricionales relativas al género, a raíz de factores biológicos y las dinámicas del género. La falta de acceso a alimentos nutritivos, suplementos e información de nutrición también contribuye a esta desigualdad, que alcanza una magnitud sin precedentes durante una pandemia, como la del COVID-19.

Lea el artículo completo (en inglés): Nutrition International

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