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Día Internacional del Migrante 2017

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La respuesta para acortar la brecha entre las acciones humanitarias y de desarrollo cuando se hace frente a la malnutrición en contextos frágiles: los enfoques de financiación multisectoriales y a largo plazo

 

Martha Newsome (directora ejecutiva de Medical Teams International) y Christine Kintu (secretaria permanente de la Oficina del Primer Ministro), miembros ambas del Comité Ejecutivo del Movimiento SUN, cuentan su experiencia a partir del momento que se asociaron en Uganda para brindar asistencia a más de un millón de refugiados que hoy en día viven en el país.

 


Uganda se unió al Movimiento para el fomento de la nutrición (Movimiento SUN) en 2011. Se trata de un país piloto clave para la aplicación del marco de respuesta integral para los refugiados que ofrece apoyo tanto a los refugiados como a las comunidades de acogida, en siete distritos de las regiones del noroeste y suroeste de Uganda. Medical Teams International (MTI) es un organismo colaborador importante en materia de salud, que presta servicios de salud y nutrición a 700.000 refugiados y 300.000 ugandeses. Además, participa en la movilización comunitaria y opera 27 centros de alimentación complementaria, 27 centros de tratamiento ambulatorio y seis centros de atención intrahospitalaria.

Uganda acaba de recibir a un millón de refugiados provenientes de Sudán del Sur: una cifra que se ha triplicado con respecto a 2015, cuando el número era de 480 000. En 2017, la cantidad de refugiados en el país asciende a 1,3 millones. En mayo de 2017, cuando se registró la mayor afluencia, Uganda recibía hasta 5000 refugiados por día, que en la mayoría de los casos, se trataba de mujeres y niños (82 por ciento). [1]

Uganda está abriendo nuevos caminos al integrar a los refugiados en su Plan Nacional de Desarrollo II y priorizar las intervenciones de desarrollo en quienes han escapado del conflicto. Sin embargo, la afluencia masiva afecta enormemente la implementación de este plan, en especial, en la región del norte, donde los índices de desnutrición aguda están alcanzando niveles de emergencia.  Dado el déficit importante de fondos, el Gobierno y los socios, como el MTI, tienen dificultad para satisfacer las necesidades esenciales del número creciente de refugiados. Además, las comunidades de acogida y los refugiados se encuentran en distritos empobrecidos del país, que están sobrecargados y son cada vez más vulnerables, puesto que los mecanismos de apoyo a largo plazo destinados a cubrir las necesidades de nutrición son menos previsibles. [2] En vista de que el apoyo por parte de la comunidad internacional disminuye, Uganda solo llega a reunir el 30 por ciento de los USD 674 millones que necesita para satisfacer las necesidades de las mujeres, los hombres y las familias refugiadas, así como de las comunidades de acogida. El presupuesto mensual que se necesita para cubrir solo las necesidades alimentarias es de 21 millones de dólares americanos.

La fragilidad de la seguridad alimentaria en la región del suroeste

Pese a que existe un programa nacional de nutrición sólido, los datos del MTI sobre dos asentamientos en el suroeste (Nakivale y Oruchinga) indican que la población de acogida corre un riesgo aún mayor de malnutrición que los refugiados. En Nakivale, los índices eran del 37,9 por ciento, el 36,2 por ciento y el 28 por ciento (en los refugiados) y del 42 por ciento en la comunidad de acogida, respectivamente, entre 2013 y 2015.  En Oruchinga, los índices de retraso en el crecimiento eran del 34,8 por ciento, el 40,7 por ciento y el 30 por ciento (en los refugiados), con un índice muy alto del 58 por ciento (en la comunidad de acogida)”. [3]  Aunque los refugiados en esta región han estado en proceso de reasentamiento durante más de cinco años, se cree que estos índices altos, en parte, se deben a la importante inseguridad alimentaria producto de las sequías prolongadas que arruinaron las cosechas. Es posible que las comunidades de acogida no tengan acceso a la distribución general de alimentos, ya que el Programa Mundial de Alimentos se vio en la obligación de reducir las raciones mensuales que entregaba en un 25 por ciento. Otro factor importante es el problema del cambio climático y los patrones meteorológicos inestables, que generaron que en zonas donde solía haber seguridad alimentaria con diversidad de cultivos ahora prime la inseguridad alimentaria. Las crecientes sequías junto con la llegada constante de refugiados, actualmente hasta 500 por día1, representan obstáculos importantes que impiden la ejecución del Plan de Acción de Nutrición de Uganda, que se creó en conformidad con el enfoque multisectorial y multiactor del Movimiento para el fomento de la nutrición.

Situación de emergencia en la región del noroeste

Al norte de Uganda siguen llegando niños con desnutrición aguda que necesitan de los servicios intensivos de nutrición. Estas necesidades presentan un gran desafío, dados los recursos extremadamente limitados de la zona, porque los centros de salud en los distritos solo están preparados para tratar a 500 niños desnutridos tanto de las comunidades de acogida como de refugiados, y hay 3000 (y más) niñas y niños que necesitan asistencia inmediata. Como consecuencia, las comunidades de acogida no reciben los servicios y la atención adecuados, lo que profundiza aún más la crisis. En un informe reciente sobre los avances de la desnutrición aguda global en el campamento de refugiados de Rhino y Adjumani, se señala el deterioro progresivo en el estado nutricional, mientras que en el campamento de Bidi se informó que la desnutrición aguda global trepaba el 7,6 por ciento, lo que supera el 5 por ciento del umbral de emergencia. La carga de la anemia también es un tema preocupante, ya que los índices en los tres asentamientos superan el 40 por ciento. [4] Además, se ha constatado que se deben tratar los casos de desnutrición aguda moderada en adolescentes y personas con enfermedades crónicas, ya que la alimentación complementaria solo se entrega a madres lactantes, mujeres embarazadas y a los niños de hasta 5 años.

Dado que es probable que los refugiados permanezcan en Uganda por muchos años, es difícil abordar las necesidades nutricionales de los refugiados y la población de acogida a partir de los compromisos y los instrumentos de financiación actuales que se idearon para las intervenciones humanitarias a corto plazo. [5] Los programas de alimentación complementaria sirven para reducir los niveles elevados de malnutrición a corto plazo, pero aún existe la necesidad de abordar los niveles altos de malnutrición crónica en estos distritos, así como de aliviar la presión en materia de nutrición que se ejerce en los centros médicos locales que deben atender a los niños y las niñas que llegan con desnutrición aguda. Como se puede percibir, es posible que esta mayor presión de la población de refugiados desestabilice la situación económica frágil de estos distritos y provoque un descenso general del estado nutricional de toda la población.

Por lo tanto, esta situación subraya la necesidad de cumplir con nuestro compromiso colectivo del Gran Pacto asumido en la Cumbre Humanitaria, donde los donantes y las organizaciones de ayuda se comprometieron a tender puentes entre la acción para el desarrollo y la humanitaria y a “suministrar más dinero para fines generales y un mayor aporte de financiación plurianual para garantizar la previsibilidad y la continuidad de la respuestas humanitarias”.[6]

En definitiva, el marco de respuesta integral para los refugiados permitirá la ejecución de este Gran Pacto a través del mecanismo híbrido de una estrategia plurianual, aunque la financiación se sigue recibiendo en asignaciones anuales.  El MTI sufre esta presión y sus limitaciones, mientras se sigue trabajando conforme a las asignaciones humanitarias «típicas» de un año en zonas donde existe una gran necesidad de encontrar soluciones a largo plazo, aunque prácticamente no se atienda esta necesidad.

A fin de abordar las necesidades de nutrición en países, como Uganda, que están desbordados debido a la cantidad sin precedentes de refugiados que reciben, se recomiendan las siguientes soluciones:

  • La aplicación de nuevos mecanismos de financiación «híbridos», multisectoriales, a más largo plazo (2 a 3 años), que ofrezcan soluciones para la malnutrición a corto y largo plazo y que se puedan implementar en forma simultánea (por ejemplo, los programas de alimentación destinados a grupos vulnerables y los enfoques multisectoriales para reducir la malnutrición crónica). Estas soluciones deben aliviar y abordar las necesidades inmediatas de asistencia de ambas poblaciones, así como considerar las consecuencias de la malnutrición a largo plazo, mientras se investigan sus causas. Asimismo, se les debe prestar especial atención a la malnutrición crónica y a las causas de muertes evitables de niños menores de cinco años y sus madres (haciendo hincapié en la detención del retraso en el crecimiento, la reducción de la anemia, la prevención de la malaria y las actividades de salud maternoinfantil). En este caso específico de Uganda, se demostró que los métodos anuales tradicionales de financiación resultaron inadecuados, ya que los programas atraviesan un gran déficit de fondos del 70 % (como se indicó arriba). Aunque la mayoría de los donantes se han comprometido a aportar los fondos a través de los canales tradicionales, aún no hay suficiente dinero para cubrir las necesidades de las intervenciones de desarrollo.
  • Una estrategia que satisfaga las necesidades tanto de la comunidad de acogida como de los refugiados, como la “práctica normal”; es decir, que se aplique un enfoque más integral que permita aliviar la presión sobre los distritos receptores y tener en cuenta las necesidades nutricionales de toda la población, así como considerar los medios de vida de los refugiados (vinculado al enfoque de soluciones duraderas de las Naciones Unidas).
  • Poner atención en aumentar la unidad entre la sociedad civil, el gobierno y los actores involucrados. Las crecientes crisis de refugiados, como las mencionadas, requieren de una gobernanza progresista, donde haya compromiso y voluntad desde el gobierno de aumentar la participación y el apoyo para colaborar con los servicios de repuesta a fin de poder satisfacer las necesidades de una mejor manera.

 


 

[1] Secretaría del Primer Ministro
[2] Estrategia de Empoderamiento de los Refugiados y la Población de Acogida
[3] Informe FSNA 2016
[4] Informe sobre refugiados, diciembre de 2016 (FSNA)
[5] ACNUR; www.acnur.org
[6] Agenda para la Humanidad

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