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Diversificación productiva de la agricultura africana y efectos en la nutrición

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* Artículo publicado originalmente por el Banco Mundial


Fotografía: Cecil Bo Dzwowa/shutterstock

La «triple carga» de la malnutrición es un problema de salud pública en toda el África Subsahariana, donde los altos niveles de desnutrición y las carencias de micronutrientes en las zonas rurales se suman al aumento de la sobrealimentación y la obesidad en las ciudades. El cambio climático es un importante factor de inseguridad alimentaria en el continente: En 2018, 237 millones de personas en el África Subsahariana estaban desnutridas.

Muchos países dependen de la producción de un solo cultivo para garantizar la seguridad alimentaria nacional. El maíz es uno de los cultivos predominantes en el África Subsahariana y cubre una gran parte de la superficie agrícola total cosechada en muchos países, especialmente en el África Meridional y Oriental. Por consiguiente, los cultivos básicos como el maíz representan una gran parte de los alimentos que se consumen.

Un informe reciente del Banco Mundial, «Diversificación productiva en la agricultura africana y sus efectos en la resiliencia y la nutrición» explora si la especialización en la producción de un cultivo afecta negativamente los resultados nutricionales de los hogares y la resiliencia al clima. También estudia cómo los países pueden diversificar su producción agrícola hacia una gama más amplia de cultivos.

Mensajes principales:

  • La diversificación agrícola permite conseguir una mayor diversidad en la dieta para el consumo directo de los hogares. Pero cuando se trata de los ingresos de los pequeños agricultores, es importante encontrar el grado adecuado de diversificación, ya que si se supera este umbral, los beneficios económicos de la diversificación disminuyen.
  • Tanto la diversificación agrícola como la especialización en la producción de cultivos pueden mejorar la resiliencia de los hogares a los riesgos relacionados con el clima, pero los sistemas de producción diversificados favorecen la capacidad de adaptación del agroecosistema.
  • La diversificación puede generar ahorros debido a sus efectos positivos en el agroecosistema, lo que reduce la necesidad de insumos de producción, como fertilizantes o plaguicidas.
  • La diversificación y especialización agrícolas deben ser percibidas como algo complementario: mientras que las fincas individuales a menudo aumentan la productividad y la competitividad a través de la especialización, la diversificación de los actores y la composición de los productos a nivel de la comunidad o del paisaje proporcionan acceso a productos alimenticios nutritivos diversificados, fuentes de ingresos y oportunidades de empleo.
  • La demanda de alimentos nutritivos y los beneficios que de ella se derivan dependen del entorno alimentario. La educación nutricional, la sensibilización y la disponibilidad de alimentos nutritivos son fundamentales para mejorar la nutrición en África.

El estudio también identifica varias medidas que apoyan las decisiones de producción de los agricultores y se centra en el impacto de las medidas de política y el gasto público en el África Subsahariana, que a menudo se relacionan con los programas de apoyo a los insumos agrícolas a gran escala y han dado lugar a una mayor especialización agrícola. Este informe destaca que no existe una solución única para fomentar la diversificación y proporciona una selección de políticas a disposición de los Gobiernos que pueden promover o restringir la diversificación, que incluyen:

  • Los Gobiernos deben revisar si los subsidios de apoyo a los insumos y el gasto público favorecen un solo producto básico y considerar la creación de programas de apoyo a los insumos agrícolas que permitan la adquisición de una gama más amplia de insumos y servicios, así como limitar sus intervenciones directas en el mercado a través de la venta y la compra de cosechas de productos de primera necesidad. Las intervenciones gubernamentales solo deben permitirse con el propósito de mantener reservas estratégicas.
  • Deberían redoblarse los esfuerzos para crear un entorno propicio para el funcionamiento del mercado mediante el establecimiento de instituciones y reglamentos adecuados (por ejemplo, sobre normalización, suministro de información meteorológica y de precios, competencia, financiación del comercio o mecanismos de solución de controversias), pero también mediante el aumento de las inversiones físicas y el apoyo a las conexiones y los servicios de transporte entre los distintos puntos rurales y entre estos puntos y los centros urbanos.
  • Invertir más en investigación y desarrollo agrícola centrándose en prácticas, tecnologías y servicios que tengan en cuenta las cuestiones de género, el cambio climático y la nutrición, así como en la prestación de servicios de asesoramiento agrícola, capacitación e información oportuna y pertinente, adaptados a los diferentes tipos de agricultores.
  • Intensificar la sensibilización nutricional y los programas educativos para maximizar el consumo de alimentos nutritivos, tanto de producción propia como de los que se compran en el mercado.
  • Revisar las políticas y leyes de tenencia de la tierra y el agua, con el objetivo de garantizar el acceso equitativo y la seguridad de la tenencia sobre los recursos naturales que permiten aumentar la productividad de las explotaciones de los pequeños agricultores.

El informe fue elaborado conjuntamente con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y el Instituto de Investigación de Políticas Agrícolas de Indaba (IAPRI).

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