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El empoderamiento de las mujeres será fundamental para alcanzar el desarrollo global sostenible

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Acerca de la autora

Mary Robinson, ex presidente de Irlanda (1990-1997) y ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos (1997-2002). Mary Robinson también fue miembro del Grupo líder del Movimiento SUN del 2012 al 2015.

Este artículo fue publicado originalmente por la Agencia de Noticias Inter Press Service

“Planeta 50-50 en 2030: Demos el paso por la igualdad de género”, el tema del Día Internacional de la Mujer de este año, funciona como un recordatorio oportuno de que, a pesar del progreso gradual en los últimos años y la ambición de la nueva agenda de desarrollo global, debemos redoblar los esfuerzos para lograr un mundo respaldado por la igualdad de género. Todas las mujeres deben ser empoderadas para ejercer sus derechos plenos e iguales. ¿Pero qué significa realmente dar el paso por la igualdad de género?

Mary Robinson

En mi opinión, esto requiere estrategias destinadas a garantizar que todas las mujeres tengan voz en la toma de decisiones que afectan sus vidas. Esto es particularmente importante cuando se trata de facilitar la participación de mujeres de base. Para implementar el enfoque “que nadie se quede atrás” establecido en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el compromiso de “llegar primero a los más rezagados”, es necesario reconocer a las mujeres de base como participantes clave en el desarrollo sostenible global.

Las mujeres de base alrededor del mundo cuentan con un extenso conocimiento que necesitaremos para manejar el impacto del cambio climático y acelerar el desarrollo sostenible. Sin embargo, para poder apreciar y utilizar este conocimiento de forma adecuada, es necesario permitir la participación significativa de las mujeres en el diseño, planificación e implementación de políticas y programas que tienen un impacto en sus vidas. Garantizar que las voces de las mujeres sean escuchadas y que sus necesidades sean abordadas es fundamental para lograr avances en la justicia climática.

El impacto del cambio climático es diferente para las mujeres y los hombres.

Las mujeres de base tienen más posibilidades de soportar una carga mayor frente al cambio climático, en especial en situaciones de pobreza. El cambio climático agrava los patrones de desigualdad existentes, incluida la desigualdad de género. Las mujeres de base tienen acceso limitado a recursos productivos, una movilidad restringida y muy poca influencia en la toma de decisiones, lo que las deja muy vulnerables frente al cambio climático. Para ser eficaz, la política climática debe comprender estas desigualdades subyacentes con el fin de abordar las diferentes formas en las que el clima afecta a las mujeres de base.

Permitir la participación significativa de las mujeres no es solo lo correcto, es la opción más inteligente. El sector de desarrollo global ha aprendido, a veces por las malas, que los programas diseñados para las comunidades vulnerables, sin la participación de las mujeres de la comunidad, raramente obtienen los resultados deseados. Esta importante lección se refleja en el Objetivo de desarrollo sostenible 5 https://sustainabledevelopment.un.org/sdg5 (lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas), que incluye una meta para lograr lo siguiente: «garantizar la igualdad de oportunidades de liderazgo y la participación plena y eficaz de las mujeres en todos los niveles de toma de decisiones sobre política, economía y vida pública». Esta necesidad es especialmente apremiante en el caso de las mujeres de base. Lamentablemente, el sector climático no comprende muy bien la importancia de incluir a las mujeres en la toma de decisiones y promover el liderazgo de las mujeres. Aun así, la mayoría de las personas que se encuentran al frente de la pobreza y el cambio climático son mujeres.

Se han hecho algunos avances dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En 2012, las Partes de la Convención adoptaron el «milagro de Doha» (Decisión 23/CP.18), una decisión tomada para aumentar la participación de las mujeres en las negociaciones sobre cambio climático. Las Partes evaluarán el progreso de esta ambiciosa decisión en la 22a Conferencia de las Partes en noviembre. Sin embargo, cuando lo hagan, verán que solo se han logrado pequeños avances en términos de igualdad de representación en las negociaciones. Por ejemplo, el último Informe sobre la composición por sexos de la CMNUCCdestaca que solo el 36 % de los delegados fueron mujeres en la 20a Conferencia de las Partes, y esta cifra cae a un 26 % cuando se consideran los presidentes de las delegaciones. En Lima, las Partes acordaron iniciar el Programa de trabajo de Lima sobre el género, una exploración de dos años de las dimensiones del cambio climático relacionadas con el género, y el Acuerdo de París sobre cambio climático reconoce la necesidad de lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Todo esto es una señal de progreso, pero debe hacerse mucho más para que las voces de las mujeres se incluyan plenamente en la formación de la acción climática. Uno de los próximos pasos clave es la inversión en la capacitación y el desarrollo de capacidades para las mujeres de base, con el objetivo de permitir su participación plena y eficaz. Esto se captura en el Objetivo de desarrollo sostenible 13 (actuar urgentemente para combatir el cambio climático y su impacto), que incluye una meta que les exige a los estados promover mecanismos de desarrollo de capacidades en pequeños estados insulares en desarrollo y en los países menos desarrollados para ayudar a las mujeres, los jóvenes y las comunidades locales y marginadas a formar parte de la planificación y la gestión relacionadas con el cambio climático. Hacer realidad esta meta será fundamental para logar un enfoque alineado y centrado en las personas en la agenda de desarrollo sostenible y el nuevo acuerdo sobre el clima.

En el 2015, la comunidad global sentó las bases para construir un mundo más seguro con oportunidades para todos. Con la finalización de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre cambio climático, los líderes mundiales expresaron su predisposición para cambiar el curso: dejar atrás los modelos tradicionales desiguales y no sostenibles y avanzar hacia un futuro libre de pobreza y necesidades, con abundante energía limpia y un entorno saludable.

En el 2016, comenzamos a planificar e implementar estos dos ambiciosos procesos internacionales universales; debemos asegurarnos de que las voces de las mujeres, y los derechos humanos, guíen nuestras acciones. Las mujeres de base no deben considerarse simplemente receptoras pasivas de asistencia climática. Son actores clave en el cumplimiento de su derecho al desarrollo. Al reconocer a las mujeres de base como agentes de cambio dentro de sus comunidades, valorar su conocimiento y desarrollar su capacidad de adaptación, los responsables de la toma de decisiones pueden desarrollar soluciones climáticas sostenibles a largo plazo a nivel local, lo que fortalecerá a comunidades enteras.

A medida que “damos el paso por la igualdad de género”, les pido a todos aquellos que ocupan cargos de influencia que les brinden plataformas a las mujeres de base para que sus voces sean escuchadas. Conocer, y valorar, su conocimiento y experiencia ayudará a dar forma a los avances hacia el 2030, que serán beneficioso para las personas, el planeta y la igualdad de género.

(Fin)

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