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El hambre podría duplicarse en África Oriental y el Cuerno de África con la propagación del coronavirus

  |   Red de las Naciones Unidas para el SUN
Las funestas consecuencias socioeconómicas de la pandemia de la enfermedad provocada por el coronavirus (COVID-19) podrían duplicar con creces la cantidad de personas que padecen hambre en África Oriental y el Cuerno de África en el transcurso de los próximos tres meses, según se revela en un informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Las personas más vulnerables y que más riesgo corren son aquellas que residen en las zonas urbanas necesitadas y viven al día en asentamientos informales, así como los millones de refugiados que se establecieron en los campamentos densamente poblados de la región.

Se calcula que 20 millones de personas ya se encontraban en situación de inseguridad alimentaria aguda antes de que el coronavirus llegara a los nueve países de la región —Etiopía, Sudán del Sur, Kenia, Somalia, Uganda, Ruanda, Burundi, Djibouti y Eritrea—, donde las sucesivas crisis alimentarias, la descomunal invasión de langostas y las grandes inundaciones ponen en peligro la vida de los millones de personas que la habitan.

El Programa Mundial de Alimentos prevé que posiblemente el número de personas que padecen inseguridad alimentaria aguda se incremente entre 34 y 43 millones de mayo a julio debido a las consecuencias socioeconómicas de la pandemia. Desde luego que si el hambre llegara a afectar a 43 millones de personas, el número de damnificados superaría el doble del valor actual. Es posible que entre estas personas estén los 3,3 millones de refugiados que albergan los nueve países.

“La falta de fondos que ya se registra implica que la mayoría de los refugiados de la región no están recibiendo todos los alimentos que necesitan; además, esta carencia se podría profundizar más aún cuando los escasos recursos sea más exiguos todavía”, afirmó Clementine Nkweta Salami, directora regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

“Los índices elevados de malnutrición en los asentamientos y campamentos densamente poblados ubican a los refugiados en el grupo de población vulnerable ante la pandemia”, agregó. “Algunos refugiados también viven en zonas urbanas, por lo general, en los asentamientos informales más empobrecidos, y representan un proporción importante de la población pobre urbana en muchos países de la región”.

“El brote de la enfermedad por el nuevo coronavirus es un acontecimiento sin precedentes, puesto que no solo afecta a un país o región, sino a todo el mundo. No solo se trata de un problema que dificulta el abastecimiento, como las sequías, o que lleva a una caída de la demanda, como una recesión, sino que se dan ambas situaciones a la vez y a escala mundial”, señaló Brenda Behan, directora regional adjunta del PMA.

“Se prevé que más personas morirán a causa del impacto socioeconómico del COVID-19 que por el virus en sí”, afirmó. “Además, los refugiados y los pobres de las zonas urbanas de la región son quienes más riesgos corren”.

Alrededor de la mitad de la población urbana de la región vive en asentamientos urbanos informales o en barrios marginales, donde 25 millones de personas tienen que procurarse su sustento diariamente. La contracción de la actividad económica, a raíz de los confinamientos y los toques de queda que se impusieron para detener la propagación del virus, ya ha dejado a millones de personas sin empleo.

Los gobiernos y las organizaciones humanitarias buscan la manera de reparar la pérdida de seguridad alimentaria de muchas familias de las zonas urbanas o se enfrentan al riesgo de sufrir los efectos desestabilizadores de los disturbios urbanos.

El Programa Mundial de Alimentos registra un déficit de financiamiento de USD 103 millones para entregar raciones alimentarias completas o hacer transferencia de dinero plenas a más de 3 millones de refugiados en los nueve países de la región hasta septiembre.

En vista de que, ante el temor de que los transportistas estén contagiados, los gobiernos de la región imponen restricciones que retrasan el comercio transfronterizo, el Programa Mundial de Alimentos propugna la cooperación para que se puedan transportar las mercancías comerciales y humanitarias, y las personas reciban los alimentos que necesitan en el momento adecuado.

El COVID-19 se propaga en la región en forma simultánea con el pánico de que haya un nuevo enjambre de langostas, en especial, en Etiopía, Kenia y cerca de Somalia donde los insectos podrían devorar a los nuevos cultivos antes de que se levante la principal cosecha de julio a septiembre. Las inundaciones durante las prolongadas precipitaciones actuales constituyen otra amenaza para las personas y el abastecimiento de alimentos en gran parte de la región.

 

• Efecto del COVID-19 en África Oriental, sitio web del Programa Mundial de Alimentos (en inglés)

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