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Informe SOFI 2020: transformación de los sistemas alimentarios para que promuevan dietas asequibles y saludables

  |   Red de las Naciones Unidas para el SUN, Red de países SUN
A medida que más personas pasan hambre y persiste la malnutrición, se pone en duda alcanzar el objetivo de Hambre Cero para 2030, según se advierte en un informe de las Naciones Unidas. Garantizar dietas saludables para los miles de millones de personas que no pueden pagarlas ahorraría miles de millones de dólares en costos, Roma, 13 de julio de 2020. La cantidad de personas que pasan hambre está en aumento, según se descubrió en un estudio anual de las Naciones Unidas. Decenas de millones de personas han pasado a engrosar las filas de los que sufren desnutrición crónica en los últimos cinco años; además, los países de todo el mundo siguen luchando contra múltiples formas de malnutrición.

En la última edición del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2020), se calcula que casi 690 millones de personas pasaron hambre en 2019, un aumento de 10 millones desde 2018 y de alrededor de 60 millones en cinco años. Los altos costos y la baja asequibilidad también se traducen en que miles de millones de personas no pueden alimentarse de manera saludable ni nutritiva. Las cantidades de personas que padecen hambre son más altas en Asia, pero están aumentando rápido en África. En todo el planeta, el informe pronostica que la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) podría llevar a más de 130 millones de personas a un estado de hambre crónica a finales de 2020. (Es probable que los brotes de hambre aguda en el contexto de la pandemia hagan que este número se incremente todavía más en ciertos casos).

El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo es el estudio mundial más reconocido que sigue los avances para erradicar el hambre y la malnutrición. Fue elaborado en forma conjunta por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el prólogo, los jefes de las cinco organizaciones advierten que “cinco años después de que el mundo se comprometiera a acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición, todavía estamos lejos de alcanzar este objetivo para 2030”.

Los números del hambre

En esta edición, las actualizaciones críticas de los datos de China y otros países populosos han llevado a un recorte sustancial de las estimaciones de la cantidad de personas que padecen hambre a nivel mundial, hasta llegar a la cifra actual de 690 millones. Sin embargo, no se ha producido ningún cambio en la tendencia. Si se revisa la totalidad de los casos de hambre hasta el año 2000, se llega a la misma conclusión: tras haber disminuido de forma constante durante décadas, el hambre crónica comenzó a aumentar lentamente en 2014 y continúa haciéndolo.

Asia sigue albergando el mayor número de personas desnutridas (381 millones). África aparece en segundo lugar (250 millones), seguida de América Latina y el Caribe (48 millones). La prevalencia de la desnutrición a nivel mundial, o el porcentaje global de personas que padecen hambre, se ha mantenido en alrededor del 8,9 %; sin embargo, los números absolutos han ido en aumento desde 2014. Esto significa que en los últimos cinco años, el hambre ha crecido al mismo ritmo que la población mundial.

Esto, a su vez, oculta grandes disparidades regionales: en términos porcentuales, África, donde el 19,1 % de su población está desnutrida, es la región más afectada y esta tendencia se acentúa cada vez más. Este valor es más del doble del índice en Asia (8,3 %) y en América Latina y el Caribe (7,4 %). De acuerdo con las tendencias actuales, para 2030, África albergará a más de la mitad de las personas que padecen hambre crónica en el mundo.

Las repercusiones de la pandemia

A medida que se estanca el avance en la lucha contra el hambre, la pandemia de COVID-19 está intensificando las vulnerabilidades y las insuficiencias de los sistemas alimentarios mundiales, entendidos como todas las actividades y procesos que afectan la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Si bien es demasiado pronto para evaluar el impacto total de los confinamientos y otras medidas de contención, el informe estima que, como mínimo, otros 83 millones de personas, y posiblemente hasta 132 millones, podrían pasar hambre en 2020 como resultado de la recesión económica desencadenada por el COVID-19. El retroceso pone aún más en duda el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (Hambre Cero).

Dietas poco saludables, inseguridad alimentaria y malnutrición

La superación del hambre y la malnutrición en todas sus formas (incluidas la desnutrición, las deficiencias de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad) va más allá de tan solo ingerir la cantidad suficiente de alimentos para sobrevivir: lo que las personas consumen y, especialmente, lo que comen los niños, también debe ser nutritivo. Sin embargo, un obstáculo fundamental es el alto costo de los alimentos nutritivos y la escasa asequibilidad de las dietas saludables para un gran número de familias. El informe presenta pruebas de que una dieta saludable tiene un costo muy superior a USD 1,90 por día, el umbral de pobreza a nivel mundial. Hace que el precio de una dieta saludable, incluso la menos costosa, sea cinco veces mayor que el precio de llenar los estómagos solo con almidón. Los lácteos ricos en nutrientes, las frutas, las verduras y los alimentos ricos en proteínas (de origen vegetal y animal) son los grupos de alimentos más costosos a nivel mundial. Las últimas estimaciones indican que una abrumadora cifra de 3 mil millones de personas o más no pueden permitirse una dieta saludable. Este es el caso para el 57 % de la población del África subsahariana y el sur de Asia, aunque no hay ninguna región que pueda cumplir con este objetivo, ya que, incluso, afecta a América del Norte y Europa. En consecuencia, podría decirse que, en parte, la batalla contra la malnutrición pareciera difícil de vencer. Según el informe, en 2019, entre un cuarto y un tercio de los niños menores de cinco años (191 millones) presentaban retraso en el crecimiento o emaciación, eran demasiado bajos o demasiado delgados. Otros 38 millones de menores de cinco años tenían sobrepeso. Mientras tanto, entre los adultos, la obesidad se ha convertido en una pandemia mundial por derecho propio.

 

Un llamamiento a la acción

En el informe se sostiene que una vez que se tengan en cuenta las consideraciones de sostenibilidad, el cambio mundial a una dieta saludable ayudaría a frenar este retroceso hacia el hambre, a la vez que permitiría un enorme ahorro. Se calcula que tal cambio permitiría compensar casi totalmente los costos de salud asociados a las dietas poco saludables, que se estiman que en 2030 serán de USD 1300 millones al año; mientras que el costo social de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionado con la dieta, estimado en USD 1700 millones, podría reducirse hasta en tres cuartas partes.

En el informe se insta a una transformación de los sistemas alimentarios para reducir el costo de los alimentos nutritivos y aumentar la asequibilidad de las dietas saludables. Si bien las soluciones específicas serán diferentes de un país a otro, e, incluso, dentro de un mismo país, las respuestas generales radican en intervenciones a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, en el entorno alimentario y en la economía política que modela las políticas de comercio, gasto público e inversión. En el estudio se pide a los gobiernos que incorporen la nutrición en sus propuestas agrícolas. Se les solicita que se esfuercen por reducir los factores de aumento de los costos en la producción, el almacenamiento, el transporte, la distribución y la comercialización de los alimentos, incluso reduciendo las ineficiencias y la pérdida y el desperdicio de alimentos. Se los insta a que apoyen a los pequeños productores locales para que cultiven y vendan alimentos más nutritivos y garanticen el acceso a los mercados. Además, se les pide que den prioridad a la nutrición infantil como la categoría más necesitada, que fomenten el cambio de comportamiento por medio de la educación y la comunicación, y que incorporen la nutrición en los sistemas nacionales de protección social y en las estrategias de inversión.

Los jefes de los cinco organismos de las Naciones Unidas que respaldan el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo declaran su compromiso de apoyar este cambio trascendental, asegurando que se desarrolle “de una manera sostenible, para las personas y el planeta”.

• El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020 Inglés

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