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La triple amenaza del COVID-19 para la igualdad de género, la nutrición y el potencial futuro

  |   Red de la sociedad civil SUN

* Artículo originalmente publicado por la iniciativa 1,000 Days


Redacción a cargo de Emma Feutl Kent, gerente de Promoción y Políticas Mundiales en 1,000 Days, y
Robyn Bright, directora de Promoción en Nutrition International

La crisis sanitaria mundial que desató la enfermedad provocada por el coronavirus (COVID-19) no tiene precedentes desde el punto de vista de sus efectos devastadores y su alcance general. Lo que había empezado como la aparición de un nuevo virus pronto causó una parálisis económica mundial que está generando una crisis de malnutrición en todo el mundo, sobre todo, en los sectores más empobrecidos. En lo que atañe a los grupos marginados —donde se encuentran gran parte de las mujeres y las niñas del mundo—, el COVID-19 representa una triple amenaza para los avances y logros en materia de igualdad de género que tanto costaron conseguir, para la supervivencia de las mujeres, las niñas y los niños, cuyas necesidades nutricionales y sanitarias no pueden esperar, así como para el potencial futuro de cada niño que crece en este entorno catastrófico.

Los efectos agravantes de la pandemia, como la pérdida de puestos de empleo, la incertidumbre económica, las interrupciones en la cadena de suministro, el aumento de precios, el debilitamiento o desbordamiento de los sistemas sanitarios y el temor a contagiarse si se acude a los centros de salud, suponen una caída del acceso a los servicios nutricionales y alimentarios, además de una contracción de estos servicios en el futuro. Las principales autoridades sanitarias ya han recomendado la suspensión temporaria de las medidas preventivas de nutrición que evitan la malnutrición masiva, entre ellas, la suplementación con vitamina A. Las directrices nacionales confusas y los mensajes explotadores de los fabricantes de sucedáneos de la leche materna han logrado que muchas madres abandonen la práctica de la lactancia, aunque no haya pruebas de que existan riesgos de transmisión.

Las mujeres, que —en comparación con los hombres— ya tenían un 50 % más de probabilidades de sufrir malnutrición, serán las más castigadas por la crisis. No solo se les hace más difícil contar con los recursos económicos para adquirir alimentos nutritivos, sino también suelen ser las primeras integrantes del hogar que dejan los alimentos nutritivos para que el resto de la familia pueda comer, en especial, cuando los alimentos escasean.

La inminente crisis de malnutrición supone peligros por lo siguiente:

  1. La malnutrición incrementa la susceptibilidad a las infecciones y a las enfermedades, como el COVID-19, lo que crea las condiciones para que se produzcan otros brotes.
    Desde hace tiempo se ha demostrado que la desnutrición incrementa la gravedad y susceptibilidad a las enfermedades y a las infecciones, incluidas las infecciones respiratorias como la neumonía, y es “la causa principal de inmunodeficiencia en todo el mundo”. Es posible que, en las mujeres, los niños y las niñas que presentan desnutrición, el COVID-19 tenga un desenlace más grave. De un modo similar, las nuevas investigaciones sugieren que la obesidad en sí —que no necesariamente esté acompañada de las enfermedades no transmisibles asociadas con este trastorno— actúa como una comorbilidad que incrementa la letalidad de los síntomas del COVID-19.
  2. La malnutrición acrecienta los riesgos existentes para la salud de la mujer, en especial durante el embarazo y el parto, a los que los sistemas sanitarios sobrecargados tienen menos capacidad para responder.
    La evidencia de epidemias anteriores indican que el COVID-19 generará un fuerte aumento de la mortalidad materna, ya que las medidas de cuarentena, los centros de salud superpoblados y el temor a infectarse pueden llevar a que muchas mujeres renuncien a los controles prenatales de rutina y prefieran dar a luz en la casa en vez de acudir al centro de salud. En comparación con quienes presentan un buen estado nutricional, las madres con malnutrición ya corren un mayor riesgo de muerte debido a complicaciones generadas por afecciones, como la anemia ferropénica y la baja estatura debido al hambre crónica. En estos casos también hay un 30 % más de probabilidades de que los neonatos presenten bajo peso, quienes, a su vez, son mucho más susceptibles a sufrir malnutrición y la muerte. El incremento de los partos domiciliarios y la disminución de la atención prenatal se convierten en una combinación más letal si se conjugan con el aumento de la malnutrición materna.
  3. La malnutrición en los primeros 1000 días, incluso durante un breve período, puede ocasionar efectos cognitivos y físicos devastadores de por vida.
    Durante los primeros 1000 días —desde el embarazo de la madre hasta los dos años de vida del niño—, el cerebro del niño empieza a crecer y a desarrollarse y se sientan las bases de la salud de toda la vida. La malnutrición en este período puede ser muy peligrosa, puesto que genera daños irreversibles, como retraso en el crecimiento, disminución del desarrollo cognitivo y una predisposición a sufrir obesidad y enfermedades no transmisibles en otros momentos de la vida. Incluso si la malnutrición se padece durante un breve período en esta etapa crítica, podría generar consecuencias permanentes que ocasionan dificultades, sobre todo, para las mujeres y las niñas, quienes suelen tener menos oportunidades de superar estas adversidades en comparación con sus pares varones. La crisis inminente de malnutrición podría poner a toda una generación en riesgo.

No podemos permitir que se desatiendan los tremendos riesgos que supone la malnutrición para hacer frente a otras prioridades de las respuestas al COVID-19. Existen medidas concretas que se pueden tomar ahora para reducir la vulnerabilidad de las mujeres a la crisis de malnutrición y generar resiliencia frente a futuros brotes de COVID-19 u otra pandemia, a saber:

  1. Priorizar el buen estado nutricional de las mujeres embarazadas y los niños pequeños
    Dado que el período de los 1000 días es un momento muy crítico para el bienestar permanente de las madres y sus hijos, deberán contar con paquetes de servicios modificados que incluyan más suplementos y asesoramiento nutricional, sobre todo, si baja la calidad de la dieta. Cuando los encuentros en persona vuelvan a ser posibles, será fundamental intensificar los días de la salud infantil y reforzar las prestaciones de rutina, a fin de garantizar el suministro de los servicios esenciales de salud y nutrición, como la suplementación con vitamina A y otras intervenciones básicas.
  2. Fomentar la buena nutrición por medio de los programas de seguridad alimentaria
    En vista de que el hambre gana mayor visibilidad, se ha determinado que la asistencia alimentaria y la seguridad alimentaria constituyen necesidades esenciales en todo el mundo. Es imprescindible que, cuando los países respondan a esta necesidad, una de las principales finalidades de todos los programas de seguridad alimentaria y protección social sea garantizar el acceso a la nutrición adecuada. Esto se puede conseguir mediante la difusión de mensajes relacionados con la nutrición cuando se distribuye dinero para reforzar el poder adquisitivo del hogar, así como la adopción de medidas que permitan seguir con la práctica de enriquecimiento de los alimentos básicos.
  3. Promover la buena nutrición por medio de los programas de inmunización
    Cuando se retomen las campañas de inmunización, será importante velar por que se incorpore la suplementación con vitamina A como parte de las posibles fuertes campañas de vacunación contra la poliomielitis y el sarampión y de las campañas de vacunación futuras contra el COVID-19. Además, se deben aprovechar estas campañas para detectar los casos de malnutrición y derivar aquellos pacientes en estado moderado o grave.

La implementación de estas medidas preventivas solo será posible si los países cuentan con los datos, los análisis y la asistencia técnica que necesitan para elaborar los planes de reducción de riesgos nutricionales y tomar decisiones fundamentadas en materia de asignación de recursos. Las inversiones en la toma de decisiones fundamentadas, la generación de evidencia y la elaboración y el dictado de pautas orientativas correctas permitirán que las asignaciones que se realicen en este momento se basen en las buenas prácticas. Por el bien de toda la humanidad, aunque sobre todo, de las mujeres, las niñas y los niños que sufrirán las peores consecuencias, es indispensable que la nutrición sea una prioridad y se destinen los fondos correspondientes en los planes de respuesta al COVID-19 de ahora y de recuperación futuros.

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