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Más allá del hambre: reflexiones sobre el informe SOFI 2019, a cargo de Gerda Verburg y Elwyn Grainger-Jones

  |   Red de las Naciones Unidas para el SUN

Artículo escrito por Gerda Verburg, subsecretaria general de las Naciones Unidas y coordinadora del Movimiento SUN,
y Elwyn Grainger-Jones, director ejecutivo del consorcio CGIAR.
Se publicó originalmente en el Centro de promoción del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2


Esta semana, en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019 se puso de relieve cuán lejos estamos de erradicar el hambre y cumplir con las metas mundiales de nutrición de aquí a 2030. En vista de que más de una cuarta parte de la población mundial no tiene acceso a alimentos nutritivos de manera habitual y del escaso progreso conseguido para acabar con todas las formas de malnutrición, José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), instó a que se adoptaran “medidas multisectoriales audaces» y se redoblaran los esfuerzos para alcanzar el objetivo 2.

¿Qué medidas deberían tomarse? El Centro del objetivo 2 entrevistó a dos destacados pensadores, Gerda Verburg del Movimiento SUN y Elwyn Grainger-Jones del consorcio CGIAR, a fin de reflexionar sobre el trabajo que debe realizarse en la década que se avecina hasta 2030.

¿Cómo podemos lograr avances con respecto al objetivo 2?

La necesidad de tener una visión más amplia del objetivo 2 que refleje este objetivo multifacético de un modo más complejo y cromático.

“El objetivo 2 tiene el propósito de lograr hambre cero, lo cual es una visión más amplia que tan solo lograr que más personas superen la ingesta mínima de calorías”, explica Elwyn. “El objetivo 2 también pretende aumentar el consumo de micronutrientes, lograr una agricultura sostenible, duplicar los ingresos y la productividad de los pequeños productores y mantener la diversidad genética ex situ de los cultivos, el ganado, los peces y la fauna silvestre. Cada una de estas esferas requiere diferentes avances si es que queremos lograr resultados antes de 2030”.

“Debemos adoptar un enfoque en los sistemas alimentarios para alcanzar el objetivo 2”, reflexiona Gerda. “Si en vez de pensar en el rendimiento económico, la nutrición se convirtiera en el eje de nuestros sistemas alimentarios, nos veríamos obligados a asegurar ante todo que las personas tengan acceso a una alimentación saludable. Debemos quitar nuestra atención de las calorías y las cantidades y centrarnos más en el valor nutritivo y la calidad de los alimentos. Asimismo, debemos premiar a los productores que colocan a la nutrición en primer lugar”.

El papel de los productores

Mejorar el acceso a los recursos es una prioridad para poder duplicar los ingresos de los pequeños productores y lograr que estos agentes importantes de la alimentación y la agricultura puedan contribuir de una manera más generalizada a la mejora de la nutrición.

“En este caso, un avance importante sería producir un cambio radical para que las variedades de cultivos resistentes al clima lleguen a manos de los productores con la ayuda del sector público, los centro de investigación y distribución, que deben trabajar codo a codo con el sector privado”, señala Elwyn. “Otros avances para superar este desafío incluyen aprovechar las tecnologías de la información económicas para que los productores reciban datos y asesoramiento en tiempo real e impulsar reformas sobre la tenencia de los recursos para que los lugareños obtengan beneficios a partir de las soluciones naturales al cambio climático. Los ingresos más elevados acompañados de una producción de alimentos más variados pueden generar un gran impulso de las metas de los ODS sobre la suficiencia universal de micronutrientes”.

Asegurar que las mujeres tengan acceso a una variedad de servicios para que puedan contribuir activamente a un sistema agrícola dinámico que produzca alimentos nutritivos es igual de importante a la hora de conseguir resultados satisfactorios. “En muchas partes del mundo —señala Gerda—, las mujeres tienen dificultades para acceder a los servicios financieros, los servicios de extensión agrícola, los fertilizantes y la tierra. Mejorar el acceso de las mujeres es un componente esencial de la solución”.

Dependencia de las personas y el planeta

Como sistemas inseparables, los humanos y el planeta necesitan trabajar conjuntamente para cumplir los objetivos en materia de producción de alimentos, nutrición y agricultura.

En relación con un enfoque en los sistemas alimentarios, Gerda resalta: “no se trata de hacer un intercambio entre la naturaleza y la nutrición, sino de que las personas y el planeta se fortalezcan mutuamente”. “Llevar a la agricultura dentro de los límites del planeta”, añade Elwyn, “requiere de una serie de avances por parte de los consumidores, lo que incluye replantearse las dietas y los desperdicios. Asimismo se debe trabajar en la reconexión de los ciclos del nitrógeno para mantener la fertilidad de la tierra sin contaminar los ríos ni las costas y crear incentivos políticos para detener la propagación de las prácticas agrícolas actuales en favor de paisajes naturales con alto contenido de carbono y de gran biodiversidad”.

El papel de los actores del objetivo 2

En forma conjunta, estos tres actores alimentarios pueden impulsar el progreso real en la consecución del objetivo 2

En este momento, se deposita demasiado interés en la producción de alimentos y el crecimiento económico, a lo que Gerda añade que los gobiernos necesitan reformar la agricultura para producir alimentos nutritivos y variados que fomenten el acceso a dietas saludables y nutritivas, y favorezcan la salud de las personas y el planeta. “La próxima generación de ministros debe cargar con la responsabilidad de los sistemas alimentarios e impulsar un enfoque integral de la nutrición, la producción de alimentos, el medio ambiente y la salud”.

Por su parte, Elwyn agrega: “contamos con la infraestructura para generar avances en la diversidad genética, pero se necesita un financiamiento sólido. No se trata de una idea nueva, ya que el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos viene abogando por esto, pero ahora el desafío es lograr que los gobiernos y el sector privado colaboren y consigan estos fondos. Los grupos de la sociedad civil, junto con las entidades de investigación, como el consorcio CGIAR, deben desempeñar un papel fundamental en la promoción de enfoques comunes que no dejen a nadie atrás y en la creación de demostraciones reales de cómo se implementarían los cambios a gran escala”.

Gerda señala las Directrices voluntarias sobre los sistemas alimentarios y la nutrición del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial como un posible espacio de colaboración. “Es un lugar excelente para que las empresas, la sociedad civil y el gobierno aúnen esfuerzos en torno a esta temática y promuevan sistemas alimentarios sostenibles que mejoren la nutrición y fomenten una alimentación saludable”.

Sin poder olvidarnos de los resultados del informe SOFI de este año, Gerda nos recuerda que “la complejidad de los sistemas de producción de alimentos actuales conlleva la participación de todos: el sector privado, los productores de pequeña escala, los productores de alimentos, los consumidores y el gobierno. Ahora tenemos la posibilidad de unir fuerzas y reunir a los actores en pos de la mejora de los sistemas alimentarios y la nutrición para conseguir resultados que beneficien no solo al objetivo 2, sino también a los objetivos 3 (salud y bienestar); 4 (educación); 5 (género), entre otros”.

 


 

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