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Nuevos datos indican que el COVID-19 está provocando un aumento del hambre en los países vulnerables

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Las evaluaciones iniciales y en marcha de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) aportan indicios contundentes de que la pandemia de la enfermedad provocada por el coronavirus (COVID-19) y sus repercusiones están generando un aumento del hambre en los países que ya registraban altos niveles de inseguridad alimentaria antes del brote de la enfermedad.

«La pandemia representa un peligro claro para la seguridad alimentaria y la nutrición, en especial, para las comunidades más vulnerables del mundo», señaló en el día de la fecha QU Dongyu, director general de la FAO, en la apertura de un evento de alto nivel de las Naciones Unidas sobre acción humanitaria.

En el contexto de esta reunión virtual, el director general indicó que cuando se realizaban las evaluaciones nacionales en relación con las temporadas agrícolas en curso, las consecuencias del COVID-19 ya se estaban sintiendo en algunos de los epicentros de las crisis alimentarias en el mundo.

Los datos recientes de la iniciativa Clasificación integrada de la seguridad alimentaria en fases (CIF), que apoya la FAO, indican que en Afganistán la inseguridad alimentaria —que ya es sumamente elevada— se ha visto agravada por las repercusiones del coronavirus. Las estimaciones más recientes indican que 10,3 millones de afganos se encuentran en la fase de crisis o peor en cuanto a dicha clasificación.

Una tendencia similar se observa en la República Centroafricana, donde —según la CIF— alrededor de 2,4 millones de personas ahora se ubican en niveles de crisis o peor de inseguridad alimentaria aguda, es decir, un aumento del 11 % en comparación con los valores registrados antes de la pandemia.

En Somalia, se prevé que 3,5 millones de personas se enfrenten a una situación de crisis o peor en los próximos meses, es decir, el triple de lo registrado a principios de año.

«Corremos el riesgo de caer en una crisis alimentaria inminente, a menos que seamos expeditivos en la aplicación de medidas que protejan a los más vulnerables, mantengan activas las cadenas de suministro agrícola globales y mitiguen los efectos de la pandemia en todo el sistema alimentario», señaló el director general de la FAO. «Las mujeres rurales se encuentran entre las más vulnerables y fueron las primeras en perder sus ingresos», añadió.

El objetivo de la serie de sesiones sobre asuntos humanitarios del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, que se celebra hoy, es reforzar la ayuda humanitaria en el marco del 75º aniversario de las Naciones Unidas (ONU), en un contexto donde surgen cada vez más necesidades. La reunión ha congregado a los Estados Miembros de la ONU, organizaciones de la ONU, socios humanitarios y de desarrollo, el sector privado y las comunidades afectadas.

El mensaje de Qu se pronunció con antelación a la publicación del nuevo informe de políticas del secretario general de la ONU, António Guterres, quien advirtió que los sistemas alimentarios no lograban atender a las personas más vulnerables del mundo y que la pandemia de COVID-19 estaba agravando la situación.

El apoyo a los medios de subsistencia salva vidas

La FAO y otros organismos de las Naciones Unidas están preocupados de que los múltiples efectos de la pandemia en la actividad económica y las cadenas de suministro limiten la capacidad de la población de acceder a los alimentos y que, a su vez, esto restrinja la liquidez de los agricultores y afecte su capacidad de producir y vender alimentos, lo que a largo plazo podría deteriorar gravemente sus medios de subsistencia. El Sr. Qu sostuvo que la disponibilidad local de alimentos ya corría peligro, ya que muchos agricultores han perdido parte de sus ingresos y recursos para invertir en la próxima temporada de siembra.

Sin embargo, hasta ahora, se ha ignorado bastante la necesidad de resguardar los medios de subsistencia en las respuestas a la pandemia, advirtió, aunque la relación costo-beneficio de estas intervenciones sea positiva. El año pasado, por ejemplo, la distribución de semillas de emergencia por parte de la FAO representó una cuarta parte de los cereales que se produjeron en Sudán del Sur. Sin esa inversión relativamente barata, millones de sursudaneses más ahora dependerían de una ayuda alimentaria humanitaria mucho más costosa.

Respuesta a las crecientes necesidades

Antes de la pandemia, 135 millones de personas en todo el mundo ya se encontraban en situación de hambre aguda, a causa de conflictos, crisis climáticas y recesiones económicas, según el Informe mundial sobre las crisis alimentarias 2020, que publicaron la FAO, la Unión Europea y 13 socios más. Asimismo, otros 183 millones de personas corrían el riesgo de caer en situación de hambre extrema, si se enfrentaban a algún otro factor de estrés.

Como parte del llamamiento humanitario actualizado de las Naciones Unidas frente al COVID-19, la para financiar una serie de actividades destinadas a ayudar a los agricultores pobres para que puedan seguir produciendo, garantizar la continuidad de las cadenas de suministro y los mercados de alimentos y evitar que el sector alimentario se convierta en vector de transmisión de la enfermedad.

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